sábado, 3 de enero de 2009

Memoria histórica




La joven de la foto tenía 17 años en el momento de acudir al estudio fotográfico con sus mejores galas e inmortalizar su pose de chica tímida y coqueta. En 1932 conservaba esa ingenuidad y esa inocencia aún vírgenes de miedo, soledad y miseria. La sensibilidad, ánimo positivo y espíritu afectuoso que han trascendido a través de generaciones se intuyen en su rostro limpio.

El reencuentro de estos días navideños ha servido para abrir un metafórico álbum de fotos y rescatar algunos recuerdos perdidos. Descubrir algunos de los momentos más dolorosos de la historia familiar. De cómo mi abuela pudo sacar adelante a su primera hija en el año 1939 con un marido que recién regresado de la guerra en las filas republicanas apenas tuvo tiempo de casarse y engendrar a la primogénita antes de volver al cuartel, en esta ocasión el del victorioso ejército. He sabido ahora que amamantar a varios bebés de familias bien situadas al tiempo que lo hacía con su propia hija, le permitió sobrevivir, aunque no le permitió escapar del hambre. Me pregunto si el carácter amargo de mi tía guarda relación con las condiciones en que debió vivir sus primeros años. Me duele tremendamente el sufrimiento que imagino en mi abuela durante aquellos míseros años, su soledad, sus lágrimas de aquellos días.

Una vez vuelto mi abuelo del servicio militar encontró una vía para la subsistencia durante los primeros años de la postguerra a través del “estraperlo”, esa variante pobre y exenta de glamour del contrabando. Me cuesta imaginar a mi abuelo, la parte más cobarde del matrimonio, manteniendo encuentros clandestinos para conseguir los preciados bienes con los que luego comerciaría. Todavía tengo en la mente la imagen del día en que fue delatado y la autoridad pertinente se personó en su casa y confiscó todo el patrimonio invertido mientras sus cinco hijos presenciaban atemorizados la escena, los gritos de la guardia civil y el llanto de los cinco niños. Mi madre, que tenía entonces cinco años, todavía llora al recordar aquel día.

Airear estas historias es necesario y saludable aunque desencadenen nuestra rabia hacia aquellos que derrocaron al gobierno legítimo y arrastraron el país a la ruina económica, cultural e intelectual, y provocaron la degradación moral y su escalada de muerte, venganza, y represión. Seguro que muchos padres y abuelos pueden relatar miles de recuerdos particulares, de esos que a mí de niño me sonaban a película en blanco y negro y que ahora, años después, asimilo en su dolorosa y triste magnitud. Aún estamos a tiempo de recuperar estas historias, al igual que parece ya llegado el momento de devolverles la dignidad y el último homenaje a los que aún descansan en fosas comunes. Aún estamos a tiempo de quitarles la venda a quienes no quieren ver. No con oscuras intenciones. Primero, para que no se repita la barbarie. Y después, para dar el merecido reconocimiento a los que sufrieron. Para darles las gracias por sobrevivir en aquellas condiciones y hacer posible que ahora nosotros existamos.

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2 comentarios:

A las lunes, enero 05, 2009 4:21:00 p. m. , Blogger senses or nonsenses ha dicho...

nos va a tocar a nuestra generación contar la memoria histórica de nuestras familias. la de nuestros padres aceptó el silencio por una "libertad sin ira", porque cualquier tipo de libertad venía bien.
nos han decepcionado un poco, nuestro gozo en un pozo, pero la memoria histórica ha de llegar por justicia.
mi bisabuelo sigue en una cuneta.

oye, que feliz año nuevo.
que te has puesto de un serio... para empezar.

 
A las miércoles, enero 07, 2009 12:24:00 a. m. , Blogger Mart-ini ha dicho...

La verdad es que cuando lo cuentan pilla tan lejos... y sin embargo tan presente

 

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